La
barca amenazada,
Remaban;
El
viento recio,
Remaban;
Las
olas embestían, el temor asfixiaba:
Y,
en medio de la tormenta,
Jesús
estaba.
Remaban,
remaban;
Para
mantener, la barca en curso,
Pero
las olas, golpeaban;
El
viento recio, arremetía,
Y,
en medio de la tormenta,
Jesús
estaba.
Los
ojos miraban,
Veían
amenaza;
Los
ojos miraban,
Veían
la tormenta;
Los
ojos miraban,
El
temor, acompañaba;
Y,
en medio de la tormenta,
Jesús
estaba.
Aún
no veían,
Aún
no contemplaban;
Que
en medio de esa
Oscura
hora,
Jesús
estaba.
Momento
no era de temer,
Intervalo no era de desmayo;
Instante
de contemplar por fe,
Que
allí, Jesús estaba.
¿Cuánto
perdemos?
¿Cuánto
hemos perdido?
Al
mirar indisposiciones,
No
contemplando, a Cristo.
No
es la angustia,
No
es la amenaza;
Es
poder ver,
Al
que tiene autoridad;
Para
apaciguar, la tempestad.
Porque
igual,
Como
aquella noche,
En
aquella barca;
En
medio de la tormenta,
Aquel
fuerte viento;
Sobre
ella, en medio de ella,
Jesús
estaba.
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