Porque no Me deleito en condena,
Porque castigarlos no es la
mira;
Porque no hay otro pago,
que pueda saldar la cuenta,
Pecado es muerte, Jesús
es vida.
Porque en la oscuridad en
que viven,
Apagada la luz, consecuencia
de mal,
Trajo sobre todos,
perdido camino,
El infierno en llamas,
para devorar.
Conocidos por el apetito
De la carne insaciable;
Conocimiento del mal, que
el hombre cultivó,
Dejaron el bien, que, por
el Creador les fue entregado;
Aún así, Dios se apiadó,
de todos.
Tras las puertas,
atrapados en condena,
Camina Jesús, el Cristo, para
dar de su gloria,
A toda alma sedienta;
Beben sin concluir, de su
fuente eterna,
Celdas abiertas, paz
eterna.
Y el amor de Dios sigue
brotando,
De su caudal glorioso, de
su Templo santo;
Bendecido aquel, que allí
permanece,
Majestuoso el día, cuando
con Él, eterna vida.
Ya que sólo puede el Hijo,
conducirlos al Padre;
Puesto que puede el Hijo
sólo, por vos mediar;
Porque en Él, todo cuanto
exige el Soberano;
El que en Jesús habita, en
salvación anida.