Señor, hay violencia,
Hay maldad, líbrame Señor;
Que en su mal, no sean prosperados.
Hay aquellos, que de aquel
Depósito de mal en ellos,
Pueden hallar, múltiples maneras,
De hacer realidad, de hacer vivir, maldad.
Estimulan sus lenguas, como serpientes al asecho,
Con su mordida, impacta el veneno,
De su decir, de aquello, que tienen dentro.
Sólo Tú, guardarme podrás,
Del asedio del inicuo;
Librarme de hombres infames,
Que han planeado, hacer daño,
Al que en Ti, ha permanecido.
Porque Tú eres mi Dios,
A Ti clamo Señor,
Mi voz sea oída, mis ruegos,
Atendidos.
Eres el poderoso Salvador,
El que me pone en cubierta,
Guardado en la batalla;
Te alabo Señor.
Los deseos del enemigo,
No lo permitas, hacerse realidad;
Frustra su pensar, para que no prospere,
Ni una milésima, en su fraguada maldad.
La perversidad, en todas partes presentes,
Rodeando, a los que permanecen en Ti;
Mas han olvidado, que cavan fosas,
Que pronto en estas mismas, caerán.
Han iniciado fuego que los persiguen,
Hasta el abismo que les espera;
Oscuridad por ellos llamados,
Trampa mortal, para sus almas.
El hombre insolente,
No perdurará, acorta su tiempo;
El propio mal que cultiva,
Será su vorágine que lo consuma,
Hasta destruir.
La causa está en manos del Soberano,
El hará juicio, no quedará impune el malvado;
Los que a Él claman, respuesta cierta llega.
Nunca desamparo de Él habrá.
Hay morada para el recto,
En Tu presencia lugar preparado;
Los justos, ensalzan Tu nombre,
Guardados, por su Dios.