Veces se abre
puertas,
Que nunca se debió;
Permitiendo la
entrada,
De aquello que no
debió de ser;
Torpeza invitó
lamento,
Lamento convidó
dolor;
Y allí los reunidos,
Endechas, lanzan.
Momentos hay, de esos
en la vida,
Que, sobre todo, pesa
la sinrazón;
Luego allí se tiene,
como un parche en las cienes,
Evocando melancolía,
quebranto;
Otro incauto, por arrojo
herido.
¿Y qué de aquello que
fue tan importante?
Que se proveyó todo
por adquirir;
Aun la fe a un lado
se puso,
Para comprar lo que
hoy,
No hay felicidad en
ello.
Invierte en Dios, es mejor
elección,
Cierra la puerta, a
todo lo demás;
Amar, sirve, habita
con Él;
Porque después de
esta vida,
Con Él, morada eterna.
Sobre todo, hazlo
quedar,
En la cumbre, de todo
en ti;
Y aunque herido hoy
te hayas,
Vuelve, ve a la
morada,
Donde habrá nunca decepción.
Luego allí, agradece
a Dios,
Misericordia, que te
acompaña,
Su poder que te
guardó;
Cuando lo pusiste a
un lado,
Por seguir camino,
que alejó.