Obediencia a la Palabra,
Conducir no puede
hacia otro camino,
En donde no se pueda
ver la cruz, la luz;
Hace mantener siempre
presente,
Que con ella hay que
avanzar,
Para seguir al
Maestro,
En negación, la norma
de siempre,
Cada día al servicio
de Él.
Observando sus
estatutos,
Hace elevarnos en
este mundo,
Escalando aquella sima,
que más nos acerca,
Al lugar, en donde
hemos de eternamente estar,
En presencia de
eterna santidad.
Nada mengua en una
vida,
Que a Dios ha puesto
en preferencia;
Nada disminuye de una
existencia,
Que al Redentor
mantiene al frente;
Nada se disipa, todo
se gana,
Ya que el mundo nada
tiene,
Que pudiese exceder,
Ni henchir el vacío,
Que sólo Dios, puede colmar.
Resuelto avanza,
El que a Él se
consagra;
Determinado enfrenta,
Los retos que tendrá
por Cristo;
Decidido entiende el
precio que implica,
Empero ante todo
confiesa, no se avergüenza,
Porque audaz prosigue
su marcha.