Dios no está en dificultad, nunca lo ha estado y nunca lo
estará.
Dios no comete errores, error es así creer, allí permanecer.
Dios no es insensible al sufrimiento del hombre, insensible
es el que no se arrepiente.
Dios no se complace en el castigo, se goza en bendecir;
empero, justo es y procede.
Dios no es diosito, no es diminutivo; es superlativo en todo
y, sobre todo.
Dios no olvida sus promesas, en Él todas ya son ciertas, y
se recibe.
Dios no está para entretener, no bendice para cautivar, así
hace para levantar.
Dios no es prisionero, ni confinado; el mal tiene un día
señalado, cuando finalizará.
Dios no es un obrero, quien responde a caprichos; sino lo
glorifica, simplemente no será.
Dios no es una fuente agotable, no se extingue su riqueza;
no hay nada de É que se pueda agotar.
Dios no es un obstáculo, un camino truncado; no es una luz
que ha perdido su fuente de energía.
Dios no es una imagen, ni ídolo representativo; no hay hombre
que lo vea y viva.
Dios no es una esperanza perdida, una creencia errada; no es
un Dios en necesidad de nada.
Dios no es día que expira, un nombre que con otros compita; no
hay cómo superarlo en lo absoluto.
Dios no necesita actualizarse, no necesita consejos de
hombre; no tiene necesidad, nada de Él se alterará.
Dios no inicia sin terminar, no finaliza sin brindar
oportunidad; su luz no se agota, el origen es Él.
Dios no creó el infierno para el hombre, el hombre por su pecado
trazó el sendero hacia ello.
Dios no tomará por inocente al que el mal practica, porque
igual el camino de bien igual pudo escoger.